lunes, 16 de febrero de 2009

La Socarrina del castañar

Algunos quizás hayáis notado que en los últimos años el castañar ha perdido parte de la fantástica gama de colores que nos ofrecía en el otoño. En el siguiente texto, Diego Diajara, director de la Oficina Técnica de Regadíos de la Diputación de Huelva, nos cuenta que esto se debe a una enfermedad que, más allá de efectos puramente estéticos, tiene importantes consecuencias económicas sobre el castañar.

LA CAIDA PREMATURA DE LAS HOJAS DEL CASTAÑAR SERRANO

Desde hace unos 14 años se viene observando que a nuestros castaños se le empiezan a caer las hojas desde mediados de septiembre, o incluso antes y no llegan a adquirir los colores típicos otoñales. De verde pasan a estar secas y seguidamente caen. En algunos sitios le llaman " Socarrina", nombre derivado del "socarrado o secado" que se produce en algunos frutales. Nada tiene que ver una cosa con la otra y tratare de explicároslo de una forma sencilla. En los castaños el secado o asurado de hojas está producido por una enfermedad, mientras que en algunos frutales es consecuencia de una alteración fisiológica.

Me voy ha centrar en los castaños por la grave incidencia que esta teniendo en estos últimos años. La socarrina es una enfermedad provocada por un hongo llamado Mycosphaerella maculiformis. Este hongo provoca la caída prematura de las hojas y esto tiene dos efectos principales: por una parte debilita los castaños y merma su producción, al no permitirles acumular la suficiente cantidad de hidratos de carbono. Por otra parte, la caída prematura de las hojas entorpece la recolección, haciéndola más costosa. Sus efectos empiezan a ser considerables cuando el ataque provoca la caída de más del 30% de las hojas. Además, al caer las hojas antes o a la vez de las castañas, estas quedan tapadas y se puede crear un microclima muy propenso para el ataque de los hongos que afectan al fruto.

Los primeros escritos que hacen referencia a esta enfermedad, datan del 1880 según Picconne, y se detectó por primera vez en los castañares de los alrededores de Génova y posteriormente en varias Comarcas de Francia en 1889 (Roumegnere). En la Sierra de Aracena se observó por primera vez en el año 1991, en castañares situados entre Los Marines y Aracena, junto a la carretera N-433. Probablemente, como parece haber ocurrido a veces con otras enfermedades de los vegetales, algún vehículo procedente de zonas contaminadas introdujo las esporas del hongo en nuestra comarca. Todavía en el año 2007 se han podido observar algunas zonas de castaños indemnes a esta enfermedad por estar alejadas y aisladas de lo que es la gran masa de castaños de la Sierra.

Para que se produzcan ataques severos de la enfermedad, se tienen que dar varias condiciones:
1ª Que haya conidias de la enfermedad en el ambiente.
2º Que las hojas permanezcan mojadas por la lluvia un determinado tiempo.
3º Que durante el periodo de humectación foliar las temperaturas se mantengan en el rango óptimo para el desarrollo del hongo, entre 18º C y 32º C aproximadamente.
Y 4º Que los castaños se encuentren en plena vegetación.

Desgraciadamente, en nuestra Sierra estas condiciones se dan con mucha frecuencia. Hay años que alguna tormenta o lluvia caídas en el mes de julio, ya provoca un ataque primario, que no suele ser muy alarmante. Pero si vienen lluvias posteriores en el mes de agosto, la dispersión de la enfermedad a partir de este primer ataque es muy abundante y ya empieza a causar daños visibles. Pero los ataques catastróficos, se producen si el mes de septiembre viene con algunas lluvias. En el año 2008, se produjeron 4 ciclos consecutivos de la enfermedad, y las consecuencias fueron un verdadero desastre para los agricultores y para los castaños.

Hoy en día se conoce bien el ciclo de las principales enfermedades de los vegetales y, según las condiciones ambientales, se puede predecir el momento más oportuno para aplicarles algún fungicida que evite que el hongo penetre en las hojas. Para ello es fundamental tener registros fiables de temperatura, tiempo de humectación de las hojas, y humedad ambiental. Conociendo estos parámetros, se puede tomar la decisión de usar un producto preventivo, erradicante o curativo. El periodo del que disponemos para controlar la enfermedad suele ser como máximo de 92 horas, desde que se producen las condiciones favorables para la infección hasta que el hongo penetra en las hojas. Los síntomas no son visibles hasta que han pasado entre 21 a 27 días, después de la infección. Este periodo pude variar algo en función de la temperatura ambiente.

A veces se observa la enfermedad en unas zonas y en otras no. Esto es debido fundamentalmente a la situación de cada finca ya que, por ejemplo, las temperaturas no son las mimas en solana que en umbría. También influye cuál sea la variedad de los castaños. He notado que en nuestra zona la variedad más sensible es la "Ancha", seguida de la "Comisaria" y luego de la "Helechal". La “Temprana” es la más resistente de las que tenemos, pero si vienen más de 2 contaminaciones anuales no se salva tampoco.

Actualmente no existe ningún producto homologado para usar en el castañar, y además si lo hubiera difícilmente se podría usar por lo costoso que sería. Así como para controlar distintas plagas se pueden usar medios aéreos, para las enfermedades hay que usar una media de 500 a 1.000 litros de fungicida por hectárea, para mojar perfectamente toda masa foliar. Además, como antes he dicho, habría que dar no menos de 3 tratamientos anuales, lo que implica unos costos que no son asumibles por nadie.
La única forma de mantener la enfermedad en unos niveles bajos, seria cada 2 ó 3 años quemar todas las hojas caídas, para destruir el ciclo evolutivo del hongo. También se pueden destruir las hojas, aplicándole una pulverización de Urea diluida en agua al 10% (10 kgs. en 100 lts). Pero para que estas medidas fueran eficaces habría que aplicarlas en grandes extensiones.

Hay variedades de castaños que son totalmente resistentes a esta enfermedad. Es resistente la especie Castanea crenata y los híbridos que salen del cruce de ésta con C. sativa. Esto lo podéis observar en las plantaciones de estos híbridos que hay en la Sierra. Veréis como, por muy atacados que estén los castaños tradicionales, los híbridos, aunque estén al lado, no muestran ningún síntoma. También hay algunas variedades de C. sativa que son resistentes. En la experiencia que estamos haciendo con los injertos, hemos procurado elegir variedades totalmente resistentes, o al menos que no sean tan sensibles como las que tenemos ahora. Este es un tema de suma importancia en zonas donde la enfermedad se ha hecho endémica, como lo es, por desgracia, la nuestra.

Mi pretensión con este escrito es daros a conocer un mal que casi todos los años padecen nuestros castaños y que agrava los múltiples problemas que ya tienen. Me gustaría con ello desterrar de una vez por todas ciertos comentarios que circulan por ahí atribuyendo este mal a "una lluvia ácida", a "el cambio climático" o a, como dicen algunos, “una contaminación por el Polo Químico de Huelva, traída por los vientos del Sur”. El mal del que hablamos es una enfermedad con nombre y apellido, que se ha adueñado de nuestros castaños y que hoy en día es difícil de erradicar. Me han comentado que este año se ha empezado a ver también en los castaños de La Serranía de Ronda. Ignoro si aquella variedad será más o menos resistente.

Diego Diajara.

viernes, 13 de febrero de 2009

Ricardo Codorniú, el apóstol de los árboles

"Efectivamente, si en las cercanías de un pueblo el camino está plantado de árboles, cuando hay pocas marras, cuando no son objeto de podas salvajes, cuando no se ven arrancados jirones de sus cortezas, ni muestran heridas ni letreros, estad seguro de que os acercáis a una población civilizada, de que allí hay higiene, instrucción y cultura, y aún de que se administra debidamente.”

La cita procede de un texto publicado en 1912 por la Revista de Montes, titulado “El turismo, protector del árbol”. Su autor es Ricardo Codorniú y Stárico (1846-1923), un ingeniero de montes que tuvo un papel relevante en su tiempo y llegó a ser presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural y fundador de la Sociedad de Amigos del Árbol, y de la revista España Forestal. Fue además el artífice de la repoblación de la Sierra de Espuña. Pero sobre todo, a lo largo de toda su vida destacó por su amor a la naturaleza y por su empeño en la defensa de los árboles y los pájaros. Esta actitud, que lo convierte en un pionero del ecologismo en España, lo llevaría a ser conocido en su época como “el apóstol de los árboles”. Su compromiso en la defensa y la divulgación de los valores de los árboles queda perfectamente reflejado en este texto tan curioso, mezcla de entusiasmo, ingenuidad y denuncia que es “El turismo, protector del árbol”. En ese estilo tan pintoresco de la época, Codorniú devana argumentos diversos para intentar convencer al público y, sobre todo, a las autoridades de los beneficios que se obtienen de plantar árboles y mantenerlos en buen estado. Y se refiere especialmente a la relación de los árboles con el turismo, algo que afecta directamente a la Sierra de Aracena.

Acabamos con otro fragmento del texto que no tiene desperdicio:

"He aspirado siempre a que, a más de árboles aislados y plantaciones lineales, cada poblado que no tenga un monte inmediato dedique una parte de su término, por pequeña que sea, a la creación de un rodal de monte, sembrando o plantando el terreno de especies forestales y dejando que la Naturaleza complete la obra. Así no se produce algo que pueda compararse a un parque, provisto de anchos paseos arenados, con fuentes y adornos de jardinería; pero lo que pierde en belleza artificial, lo gana en encantos naturales, y si el menudo césped no cubre el suelo, lo cubrirá una variadísima vegetación espontánea, que también posee hermosura, y grande. Teniendo cuidado de quitar, por medio de escardas, las plantas que hagan el tránsito molesto y desagradable, como son los cardos y las matas y arbustos espinosos, y no lastimando los árboles con bárbaras podas, el rodal será visitado con placer por todo turista, además de servir de museo viviente de Historia Natural, pues allí podrán estudiarse la fauna y flora locales, y el maestro enseñar a sus discípulos los rudimentos del cultivo forestal.
Yo aseguro que donde esto se haga, los niños, y también los hombres, aprenderán a estimar y a defender a los dos grandes bienhechores de la Humanidad: el árbol y el pájaro, como también a no perseguir a los reptiles inofensivos."


Pinchando aquí podéis acceder al texto completo de “El turismo, protector del árbol”.

Pinchando aquí podéis acceder a otro documento curiosísimo y entrañable que ofrece la Biblioteca de la Universidad de Murcia y que nos aporta una faceta más de la personalidad de Ricardo Codorniú. Se trata de “Doce Árboles”, un librito que contiene doce cuentos sobre árboles, dedicados a cada uno de sus doce nietos.


(Gracias a Antonio F. Tristancho por el descubrimiento)

martes, 13 de enero de 2009

Los problemas del castañar en la Sierra de Aracena

El castaño es el árbol más emblemático de la Sierra de Aracena. El castañar constituye un inmenso y antiquísimo monumento natural que ha configurado durante siglos el paisaje y la cultura de esta comarca. Sin embargo, en los últimos años han surgido voces que alertan sobre problemas que podrían comprometer su futuro. Para informarnos sobre esto hemos hablado con una de las personas que mejor conoce el castañar de la Sierra de Aracena: Diego Diajara, director de la Oficina Técnica de Regadíos de la Diputación de Huelva, en Fuenteheridos. Durante años, Diego Diajara ha intentado desde esta oficina profundizar en el conocimiento del castañar, en sus problemas y en las posibles soluciones. Esto es lo que nos ha contado:

¿Cuáles son las características principales del castañar de la Sierra de Aracena?
(Diego Diajara): El castaño es un árbol con unos requerimientos particulares que hacen que, en la Península Ibérica, su cultivo sólo haya prosperado en ciertos lugares muy concretos. Uno de ellos es la Sierra de Aracena. Aquí el castañar se extiende por la vertiente norte de la Sierra, entre Aracena y Almonaster, formando un bosque casi continuo. En esta sierra los castaños encuentran condiciones propicias: un suelo de carácter subácido-neutro (pH 5.8-6.7), muy rico en materia orgánica; una humedad alta, con precipitaciones que rondan los mil litros por metro cuadrado y año; y un verano relativamente suave.

Estas condiciones favorecieron la expansión del castaño por la Sierra. Actualmente el castañar ocupa una extensión de entre 4 700 y 5 000 Has. repartidas por 14 municipios. Con una densidad media de 50-60 árboles por Ha., esto supone una población total de alrededor de 270.000 castaños. Se trata además de un bosque muy antiguo. La edad media de estos árboles está entre 350 y 400 años, aunque algunos ejemplares se acercan al milenio.
El 90% de la superficie está ocupada por tres variedades principales, que son, en orden de mayor a menor abundancia: “Ancha”; “Helechal” y “Comisaria”. El restante 10% lo ocupan las variedades “Temprana o Sanmigueleña”; “Pelona del Barranco de los Nogales” y “Vazqueña o Dieguina”.
En su conjunto, este castañar aporta a la Sierra una inmensa cantidad de valores naturales, culturales, paisajísticos, turísticos y económicos, entre otros. Yo, que he visitado muchos otros castañares por todo el país, estoy convencido de que este castañar es único y no hay otro en España que se pueda comparar a éste en extensión continua, antigüedad y belleza.

¿Cuáles son los problemas principales de este castañar?
(Diego Diajara ): El principal problema es que, según nuestros cálculos, los costos de recolección y mantenimiento medios en los últimos años superan en 3 veces al rendimiento que se obtiene por la venta de la castaña. El castañar ha dejado de ser productivo y se está convirtiendo en un lastre para sus propietarios. Como consecuencia, especialmente durante los últimos 6-7 años, los castañares están entrando en un estado de abandono o semi-abandono que ya afecta a alrededor del 50 % de la superficie.
El valor de la castaña osciló en los últimos años entre 0.80 y 0.90 €/kg. La producción media en los últimos años ronda las 700 toneladas en toda la Sierra. Los ingresos totales por la venta de la castaña no suponen por tanto más que alrededor de 600.000 € anuales. Sólo los costos de recogida (que suponen un 70 % del total) son ya superiores al beneficio. Y a ellos hay que añadir los costos de mantenimiento (el 30 % restante), que incluyen desbrozado, labrado, poda y quema.

Por otra parte, las variedades que se cultivan en nuestra sierra son muy antiguas y sus cualidades no se ajustan a lo que actualmente el mercado demanda. Esto hace que nuestro producto se venda mal y a bajo precio. Finalmente, a todo esto se suma la progresiva caída en la producción que se viene constatando desde hace tiempo. Hace unos 30 años, este castañar producía unas 3-4 mil toneladas de castañas por temporada. En los últimos años la producción media ha caído a alrededor de 700 toneladas. Una serie de estudios y ensayos de campo coordinados desde esta Oficina han puesto de manifiesto que la caída en la producción se debe principalmente a la falta de polen en los campos. Antiguamente todos estos castañares contaban con un porcentaje de pies, catalogados como “bravos”, que, aunque daban menos castañas, actuaban como polinizadores, produciendo el polen necesario para fecundar los pies productivos. Probablemente el desconocimiento de esta función biológica esencial ha hecho que las últimas generaciones de propietarios decidieran cortar estos pies en teoría poco productivos y así, en la actualidad el porcentaje de polinizadores en el castañar es, en general, muy bajo. A todo esto hay que añadir la Varroa, una enfermedad de las abejas que durante este periodo de tiempo ha hecho desaparecer muchos de los enjambres que tradicionalmente se mantenían en los troncos huecos de los castaños y que distribuían de forma efectiva el poco polen que había por toda la extensión del castañar.

¿Hay soluciones?
(Diego Diajara ): En mi opinión, el castañar de la Sierra de Aracena es actualmente inviable y, si no se adoptan medidas urgentes, se llegará a una situación que va a comprometer seriamente su futuro. Yo, sin embargo, quiero ser optimista, y pienso que todavía se pueden hacer cosas. Una vez definidos los principales problemas que afectan al castañar, desde la Oficina Técnica de Regadíos de la Diputación de Huelva proponemos varias soluciones muy concretas que, en nuestra opinión, podrían a corto o medio plazo, resultar efectivas:

1. Modernizar la recogida de la castaña utilizando los procedimientos que se utilizan en otros países en el castañar tradicional y en pendientes más acusadas. Se podría, por ejemplo, recolectar las castañas habiendo puesto previamente unas mantas especiales que hay para ello. Con esto conseguiríamos abaratar costos.
2. Introducir variedades polinizadoras hasta cubrir al menos el 5 % de la superficie. Con esto se podría aumentar la producción hasta 4-5 mil toneladas/año.
3. Injertar nuevas variedades en las partes altas de los castaños, manteniendo los viejos pies y la estructura tradicional del castañar. Con esto se mejoraría la calidad de la castaña y aumentaría su valor en el mercado, sin cambiar la fisonomía de este bosque.

Soluciones como estas son relativamente sencillas y asumibles, y estamos convencidos de que podrían sacar al castañar de la decadencia en la que ahora se encuentra. Sólo falta que tanto la Administración como los propietarios de los castañares se decidan a actuar de forma coordinada y efectiva. Y es importante que se empiece a trabajar cuanto antes. No ya sólo porque la castaña puede volver a convertirse en una fuente de ingresos para estos pueblos, y porque estos bosques constituyen hoy día un importante reclamo turístico y un ecosistema único. Es mucho más. No hay que olvidar que el castañar ha hecho que esta Sierra sea como es, y que nunca más volvería a ser la misma si desapareciese... Basta pensar un poco para darnos cuenta de que aquí todo se lo debemos a los castaños...

Fotos: Diego Diajara, Oficina Técnica de Regadíos de la Diputación de Huelva

Como complemento a esta entrevista incluimos aquí un interesante documento que recopila información adicional sobre el castañar. Se trata del texto de una comunicación presentada al XI Coloquio Ibérico de Geografía celebrado en Octubre de 2008 en Alcalá de Henares por Marta Rubio Tenor, del Departamento de Geografía, Historia y Filosofía de la Universidad Pablo de Olavide. En esta comunicación, Marta Rubio hace un repaso a las características principales del castañar en la Sierra de Aracena, sus problemas, la normativa que lo protege, su historia y sus múltiples aspectos sociales y culturales.

El castañar, que hace siglos acabó desplazando a los bosques autóctonos de robles es, hoy en día, mucho más que un simple cultivo. Es también un bosque naturalizado muy antiguo que está declarado como hábitat de interés comunitario por la Directiva 92/43/CEE, del Consejo, de 21 de mayo, relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres, y que está protegido por la normativa del Parque Natural. Es una parte importante de la historia, del paisaje y del patrimonio antropológico y cultural de la Sierra. Y es una fuente de riqueza natural y turística para toda esta comarca. En el castañar confluyen muchos intereses (propietarios, administraciones, sociedad en general) y, a veces, algunos de ellos, enfrentados. Pero para que siga existiendo es necesario que el cultivo vuelva a ser viable y que las partes se pongan de acuerdo para encontrar soluciones.


Pulsando aquí puedes acceder al texto de Marta Rubio.

Plátanos de Almonaster

En la carretera que bordea Almonaster por arriba tenemos el mejor grupo de plátanos de sombra de toda la Sierra. Se trata de alrededor de 30 árboles, alineados a ambos lados de la carretera y distribuidos de forma bastante irregular a lo largo de casi un kilómetro. Son árboles bastante antiguos y, la mayoría, de un tamaño impresionante. Los hay que superan los 3.5 m de perímetro de tronco y 30 m de altura. Están entre los árboles ornamentales mayores de toda la Sierra y, en general, presentan un buen estado y no parecen haber sufrido desmoches ni podas abusivas. Esta arboleda es similar a las antiguas “alamedas” que ya hemos visto en otros pueblos, aunque a diferencia de aquellas, ésta está formada por plátanos, excepto por un viejo olmo, en bastante mal estado, que aparece intercalado entre las filas de plátanos… Quizás aquí también hubiera originalmente olmos que, por algún motivo, fueron luego sustituidos por plátanos.

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domingo, 21 de diciembre de 2008

Plaza del Coso. Fuenteheridos

La arboleda de la Plaza del Coso es, sin duda, una de nuestras favoritas. Son sólo cuatro árboles, pero en la Sierra, estos cuatro árboles forman un conjunto único, original y distinto al resto. Hay árboles que parecen que se ponen de moda y se repiten hasta el aburrimiento en todos los pueblos. Ha ocurrido por ejemplo con los arces negundos, los olmos pumila, las catalpas, los plátanos, las tipuanas, las melias… Son árboles abundantes y baratos en los viveros, porque se multiplican bien y crecen rápido. Así que cuando un ayuntamiento necesita algunos árboles, compra de estos sin pensárselo más veces. Pero no siempre estos árboles son los más apropiados a cada sitio ni, por supuesto, los únicos posibles. Hay muchísimas especies que podrían ir muy bien en nuestra sierra. Sólo haría falta probarlas.
Los árboles de la Plaza del Coso son un ejemplo de esto último. En un espacio bastante reducido encontramos un castaño de indias (Aesculus hippocastanum), un arce blanco (Acer pseudoplatanus) y un tilo común (Tilia platyphyllos), todos ellos de muy buen tamaño y en buen estado, además de otro tilo que han plantado hace poco. En primavera y verano estos árboles desarrollan una fronda espesa y aromática, que da una sombra fresca en toda la plaza. La sombra además se acompaña del piar de los pájaros y el sonido de la fuente cercana, la de los doce caños. Con esta combinación no es de extrañar que esta plaza sea una de las más acogedoras y visitadas de la Sierra. Una auténtica plaza con encanto de la que tomar ejemplo en otros pueblos.

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Plaza del Pilar. Aracena

La plaza del Marqués de Aracena, más conocida como Plaza del Pilar o simplemente El Paseo, es un punto clave y uno de los sitios más vivos y más bonitos de este pueblo. Es una plaza muy amplia en la que se distinguen tres partes, como tres bandas longitudinales. La del medio consiste en un espacio despejado en el que destaca la fuente, que ocupa el centro de la plaza. Los espacios laterales, con más de 50 alcorques distribuidos regularmente por toda su superficie, están pensados para albergar una buena arboleda. En otras circunstancias ésta sería una arboleda con muchas posibilidades que debería contribuir a embellecer la plaza y a refrescar el ambiente en los meses de calor. Por desgracia, actualmente esto no es exactamente así. Los árboles que ocupan estos alcorques son en su mayoría robinias (Robinia pseudoacacia), aparte de dos o tres tipuanas (Tipuana tipa) intercaladas entre ellas. Por algún motivo estas robinias no han llegado a adaptarse bien a este sitio. Algunas están ya casi totalmente secas y la mayoría presenta un estado lamentable. La arboleda del paseo muestra una decadencia que se acentúa cada año y, desde luego, no le hace justicia al sitio que ocupa.

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Plaza de la Constitución. Higuera de la Sierra

La arboleda de la Plaza de la Constitución de Higuera la componen unos 20 plátanos de sombra, plantados hace unos años y, por tanto, todavía de relativamente pequeño tamaño. Lo que más destaca de estos árboles es que en ellos se descubre un cuidadoso trabajo de jardinería, cosa poco frecuente en los pueblos de la Sierra. Estos plátanos están podados favoreciendo el crecimiento de las copas hacia los lados. Las ramas laterales se dejan crecer para poder entrelazarlas con las ramas de los árboles vecinos. De esta forma se construye una especie de pérgola o emparrado continuo que recorre todo el perímetro de la plaza, y hace sombra justo sobre la fila de bancos.

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La Plaza del Jamón. Jabugo

La arboleda de la Plaza del Jamón de Jabugo es de auténtica pena. Que en una plaza nueva, que es además la principal plaza del pueblo, se limiten a plantar diez o quince naranjos de metro y medio de alto dice mucho del interés y el aprecio que muestran las autoridades por los árboles. Es discutible que los naranjos sean los mejores árboles para adornar una plaza así, principalmente porque tardan en desarrollar una copa frondosa que sombree los bancos en verano y porque, al ser de hoja perenne, no dejan pasar el sol y el calor en invierno. Pero bueno, si los naranjos son su elección, al menos podrían haberse gastado un poquito más y haber puesto unos árboles de un tamaño más razonable, y no lo que han puesto… Los árboles que han plantado no llegarán a estar en su apogeo hasta dentro de veinte años, y esto si sobreviven… En fin, no nos extendemos más. Aquí están las fotos; cada cual que juzgue por sí mismo.

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sábado, 15 de noviembre de 2008

Corta de árboles en Linares

La semana pasada cortaron varios árboles del parquecito de Linares, el que está junto a la Iglesia, por encima de la plaza de toros. Por ahora han cortado tres olivos centenarios que estaban junto a los columpios y un olmo con casi dos metros de perímetro de tronco. No sabemos cuál ha sido la justificación de esta corta, ni si está previsto continuarla con más árboles. Se corrió por ahí la voz de que iban a cortar también el alcornoque de la plaza de toros, pero por ahora sólo le han podado varias ramas bajas que, en principio, no comprometen su futuro. Por su tamaño, por el sitio inverosímil que ocupa y por constituir un rasgo distintivo del pueblo y su carácter, el alcornoque de la plaza de toros debería pasar a formar parte de un Inventario de Árboles Singulares de La Sierra y ser tratado con exquisito cuidado por las autoridades responsables.

(Gracias a G. Fernández por el aviso)
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Nuevas plantaciones. Aracena

Entre los objetivos de esta asociación está no sólo defender el arbolado existente en la Sierra, sino también fomentar la plantación de nuevos árboles. Por eso nos alegra reconocer que el ayuntamiento de Aracena ha plantado en los dos o tres últimos años probablemente más árboles que los que se plantaron en el pueblo en las dos o tres últimas décadas. Destacamos los del nuevo paseo del sanatorio, que juntan más de 150 árboles entre sóforas (la mayoría) y aligustres; las alrededor de 30 catalpas de la Plaza de Santo Domingo; una decena de plátanos en La Albuhera; dos (sólo dos!) castaños de indias en la placita que han hecho en el cruce de “el punto” frente al nuevo supermercado; los árboles de las nuevas rotondas (catalpas, ciruelos rojos, varias coníferas) y ocho liquidámbar, en la nueva plaza junto a la Fuente del Concejo, en San Pedro. Hasta donde nosotros sabemos, estos liquidámbar (también llamados ocozoles; nombre científico: Liquidambar styraciflua) son los únicos ejemplares de esta especie presentes en la Sierra. Originaria de América, esta especie es muy apreciada como árbol ornamental y ya se encuentra por los países templados de todo el mundo. Su éxito se debe sobre todo a los colores rojizos espectaculares que pueden tomar las hojas en otoño, antes de la caída. Esperemos que se adapte bien a nuestro clima...

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martes, 23 de septiembre de 2008

Los olmos y la grafiosis

Desde muy antiguo, primero en Europa, y después en Norte América, los olmos han sido, con diferencia, el árbol ornamental preferido en pueblos y ciudades. Sus características los hacían los árboles ideales en los ambientes urbanos. Son de crecimiento rápido y pueden durar cientos de años, alcanzando un porte majestuoso. Son además bonitos, agradables, coloridos. La espesura de sus copas hace que ofrezcan una sombra fresca que reduce el calor del verano. En invierno, sin embargo, pierden las hojas, permitiendo la entrada de la luz y el sol. Y además son muy resistentes y soportan bien los trasplantes, los rigores del clima o los daños físicos (podas, rotura de ramas...), y se adaptan bien a distintos tipos de suelo (entre ellos el suelo compacto de las ciudades).

A principios del siglo XX, los olmos eran una constante en prácticamente todos los pueblos y ciudades de Europa y Norte América. Estos olmos, junto con los muchos que vivían de forma silvestre en los bosques, constituían poblaciones de cientos de millones de árboles. Hoy en día casi todos ellos han desaparecido a consecuencia de la grafiosis, una enfermedad provocada por un hongo. Las antiguas poblaciones de olmos están al borde de la extinción, y la grafiosis se ha convertido en una de las enfermedades vegetales más devastadoras de las que tengamos noticia.

La grafiosis, que al parecer procede de Asia, se ha extendido por el mundo en dos grandes oleadas. La primera se inició a principios del siglo XX en el noroeste de Europa y la causó el hongo Ophiostoma ulmi. La segunda, mucho más virulenta, la provocó otra especie del mismo género llamada Ophiostoma novo-ulmi. Esta segunda pandemia se inició en los años 80 y todavía perdura. El hongo se dispersa adherido a la superficie de unos pequeños escarabajos (escolítidos) que excavan galerías bajo la corteza de los olmos. Esta asociación de hongo y escolítidos resulta muy eficiente y hace que la enfermedad se expanda de forma casi imparable. A pesar de ello, en todos los países civilizados afectados se han puesto en marcha programas de investigación y actuación para intentar frenar la expansión de la enfermedad. Una iniciativa para divulgar el valor patrimonial de los olmos, puesta en marcha por el Ministerio de Medio Ambiente se puede ver en la página web de “Los últimos olmos ibéricos”. Si queréis saber más sobre este tema os recomendamos el programa emitido recientemente en "La Aventura del Saber" de tve (pulsa aquí).

La grafiosis también ha llegado a la Sierra y ha acabado con muchos de nuestros olmos. Ya en los años 70 se detectaron en nuestra comarca los primeros casos de árboles infectados por O. novo-ulmi, la especie más virulenta. Todavía hoy se siguen registrando casos. De hecho, este verano parece haber sido especialmente propicio a la enfermedad en nuestra comarca. Basta recorrer la carretera N-433 entre Aracena y Valdezufre para comprobar que muchos de los olmos pumila asilvestrados que crecen en los márgenes de la carretera empiezan a presentar los síntomas típicos de la enfermedad o están ya totalmente secos (Pulsa aquí para ver algunas imágenes).

Por suerte, y a pesar de los pesares, todavía quedan algunos olmos singulares en nuestra comarca. Por desgracia, la mayoría de ellos se encuentran en un estado de abandono lamentable, cuando no son directamente agredidos por las autoridades responsables. Varios casos hemos recogido ya en las páginas de este blog. A continuación presentamos algunos más.

La Alameda de Valdehelechoso. Aracena

Esta imagen está tomada de una postal de Aracena que muestra la “Alameda de Valdehelechoso” alrededor de los años 20. Aunque le llamasen alameda, los árboles que la formaban debían ser en su mayoría olmos, como se aprecia en los que están más cerca. El muro y la entrada a la finca de Valdehelechoso, también conocida como la “Huerta Los Pavos”, aparecen a la izquierda de la fotografía, junto al camino.

La alameda de Valdehelechoso era en realidad el camino de salida del pueblo en dirección a Sevilla. Parece ser que antiguamente existía la buena costumbre de mantener densas arboledas como esta en los accesos a los pueblos. De hecho, todavía quedan restos de estas antiguas arboledas en algunos pueblos de la Sierra, por ejemplo, en Galaroza, en Jabugo (ver las entradas siguientes) y en Aracena (Avenida de la Reina de los Ángeles y calle Tenerías). Entre otras cosas, estas alamedas servían para embellecer las entradas a los pueblos, entradas que hoy en día están totalmente descuidadas, aunque son la primera y la última impresión de ellos que reciben los visitantes (¿Quién haría hoy en día una postal turística mostrando la entrada de alguno de los pueblos de la Sierra?). Además servían para el disfrute de sus propios habitantes, que usaban estas alamedas como sitio de recreo y de paseo. Aunque parezca increíble, todavía la gente sale a pasear por estas carreteras, aunque casi no tengan espacio para caminar y tengan que soportar el tráfico y casi jugarse la vida.
Los restos que quedan de estas antiguas alamedas se encuentran ahora en un estado bastante lamentable. El principal problema de estas arboledas parece haber sido que, al encontrarse fuera de la zona urbana, no han sido competencia del ayuntamiento sino del gobierno central o el autonómico a través del organismo responsable del mantenimiento de las carreteras. Sin embargo estas arboledas son parte del patrimonio de los pueblos en los que se encuentran y los ayuntamientos correspondientes deberían reclamar su competencia sobre ellas.

Ya no queda nada de la antigua alameda de Valdehelechoso. El olmo que quedaba, último testigo de aquellos tiempos, se secó este verano, después de sufrir una poda más que discutible. Como ya contamos en este blog (ver aquí), el año pasado cortaron los otros dos olmos que lo acompañaban. Quien tenga curiosidad puede acercarse a ver el tamaño impresionante de los tocones que quedaron

(Pulsa en la foto para ver la imagen actual)

El Olmo de Cortelazor

Este es sin duda uno de los árboles más emblemáticos de la Sierra. Se encuentra en la Plaza del Olmo, en el corazón del pueblo de Cortelazor y constituye una auténtica reliquia. Tiene un tronco enorme (unos 5,2 m de perímetro) y se le calcula una edad aproximada de 400 años. Sin embargo, los muchos avatares que habrá sufrido a lo largo de su vida han hecho que este árbol no tenga ni el aspecto impresionante ni el porte magnífico que serían de esperar de un ejemplar tan antiguo. Su tronco está hueco y tiene una enorme grieta vertical que amenaza con partirlo en dos. De hecho, si todavía el olmo se mantiene en pié es gracias a los desvelos de Kiko, que hace las veces de jardinero del pueblo. Él puso un cable alrededor del tronco que evita que se desgarre, apuntaló las ramas más pesadas y mantiene el árbol podado intentando equilibrar el peso de la copa.
Este árbol fue incluido en el segundo tomo del catálogo de Árboles Monumentales de España editado en 2005 por la Compañía Logística de Hidrocarburos CLH, S.A. En su ficha (pulsar aquí)pone que “El ayuntamiento de Cortelazor la Real ha iniciado los trámites con la Consejería de Medio Ambiente para declarar este olmo Monumento Natural”. Sin embargo, hasta donde nosotros sabemos, por el momento ninguna de las administraciones ha dedicado ni atención ni recursos especiales para su protección y mantenimiento.

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Olmos de Galaroza

Galaroza tiene un problema pendiente. La carretera nacional N-433 bordea el pueblo tan de cerca que, en la práctica ocupa parte del casco urbano y constituye una auténtica, travesía. Esta nacional es la carretera principal que atraviesa la Sierra, y soporta un intenso e incesante tráfico de todo tipo de vehículos, incluidos camiones y autobuses. Por si esto fuera poco, en uno de los tramos de la travesía la carretera se estrecha tanto que queda el sitio justo para que se crucen dos coches. En ese tramo la carretera está limitada a un lado por un talud, y al otro, por una fila de olmos. Son unos 20 olmos centenarios, grandes, de 2 a 3 m de perímetro de tronco. Entre el talud, la carretera y los olmos no queda el más mínimo espacio así que, al que tiene que recorrer a pie este tramo no le queda más remedio que hacerlo por la carretera y asumir el riesgo.
Como solución al problema, el anterior alcalde de Galaroza, D. José Lozano, propuso hace unos tres años cortar los olmos. Hubo manifestaciones de los vecinos y grupos ecologistas de la Sierra, y cortes de tráfico, y finalmente no cortaron los olmos pero los sometieron a un desmoche brutal e indiscriminado, que es el tratamiento de choque salvaje que las autoridades responsables, sin la más mínima idea ni interés, vienen aplicando a los árboles que plantean algún problema. Aunque luego rebroten, estos desmoches suelen a la larga provocar daños irreparables a los árboles. De hecho, al menos cuatro de estos olmos no han sobrevivido al verano y están totalmente secos...

El problema de esta travesía no son los olmos, que están ahí desde mucho antes de que vinieran los coches. Si quitaran los olmos la carretera ganaría como mucho un metro. Nos quedaríamos sin los árboles y seguiríamos teniendo el problema del intenso tráfico por la travesía y la falta de espacio seguro para los que tengan que recorrerla a pie.

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Olmos de Jabugo

En Jabugo también quedan todavía restos de una antigua “alameda”, un camino con árboles a la entrada del pueblo, parecido a los de Aracena y Galaroza. En Jabugo este camino lo ocupa ahora la carretera que conecta el pueblo con la nacional N-433 en dirección a El Repilado. También aquí los árboles más antiguos que encontramos son olmos montanos (Ulmus glabra). Hay unos 25 en un trayecto de poco menos de un kilómetro. Algunos tienen un tamaño imponente y, en general, sus troncos son de un grosor similar a los de Aracena y Galaroza (algunos de hasta 3 m de perímetro), lo que sugiere que probablemente todas estas alamedas tuvieran un origen común, a mediados o finales del siglo XIX.

Los olmos de Jabugo no han sufrido desmoches tan agresivos como los de otros pueblos y se encuentran en un estado de conservación mucho mejor. En realidad, en estos casos no se sabe si es mejor decir “en un estado de conservación mucho mejor” o “en un estado de abandono mucho más favorable”. Porque lo cierto es que nadie se ha ocupado nunca de estos árboles. De hecho, en Jabugo, estos olmos están distribuidos de forma muy irregular a lo largo de la carretera, lo que sugiere que muchos de los que formaban la arboleda original se han ido perdiendo sin que fueran luego repuestos. Sólo en el tramo más cercano al pueblo aparecen intercalados alguna morera, algún plátano de sombra y un par de ailantos.

Después de tantos años de abandono, los olmos de esta carretera necesitan un estudio técnico que sirva para inventariarlos y diagnosticar su estado, y una poda racional que elimine las ramas secas y peligrosas y los revitalice. No estaría de más que el ayuntamiento de Jabugo solicitase las competencias sobre estos árboles que son también parte del patrimonio del pueblo, y que aprovechase para adecentar y embellecer esta entrada al pueblo. Se podría habilitar un camino por el margen de la carretera, arreglar y reponer el arbolado, instalar bancos... aunque sólo sea por la gente de Jabugo a la que todavía le gusta salir a pasear o a hacer ejercicio por esta carretera a pesar del tráfico y de la ausencia de arcén y de barreras de seguridad.

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