sábado 30 de octubre de 2010

La morera del colegio


En el patio del Colegio José Nogales de Aracena había una morera. ¿Quién te eligió a ti morera para ese lugar? La morera, como todas las moreras daba moras. Y el suelo se manchaba, y los niños, y los pies de todos los que pasaban bajo su copa.
Es importantísimo poner especies de árboles que no vayan a provocar molestias en el futuro. El patio cementado de un colegio, justo en el lugar de entrada a las aulas y oficinas, no es lugar adecuado para plantar una morera.
Finalmente casi siempre los que más pierden son los propios árboles.


D. Martínez

Almeces en Aracena

Uno de los árboles más grandes del casco urbano de Aracena es un almez. Se encuentra en la calle Cuesta del Olivo, en el corral de una casa de la calle La Esperanza. Es enorme, precioso, íntegro, auténtico y raro. Producto de la dispersión de sus semillas, en el antiguo solar de lo que fue la fábrica de corcho de Carrión, hoy ya urbanizada curiosamente con calles con nombres de árboles, existían algunos pies de varios diámetros no superiores a los 20 cm de diámetro normal, es decir, a 1’30m que es la altura a la que se suelen medir los diámetros de los árboles. Estos hijos del coloso fueron siendo eliminados a medida que se construían los solares. Hoy por allí que sepamos no ha quedado más que el “gran padre”.

Pero, mira por dónde, ¡he aquí una sorpresa!, existe una población aún mayor en otro lugar: en los jardines del antiguo Sanatorio. Y cuando decimos población nos referimos a la presencia de individuos de distintas edades, distribuidos por una amplia zona, y con aparente vitalidad y facilidad de reproducción. Todo ello en un entorno de jardín en continuo abandono custodiado desde hace decenas de años. Probablemente este abandono de los cuidados de la mano del hombre haya propiciado que especies con potencial para persistir, bien por ser propias del terreno ó bien por su facilidad de aclimatación, hayan conseguido propagarse con mayor facilidad a expensas de especies más débiles ó exigentes ante las mismas condiciones de habitabilidad.

Como ejemplo de especie oportunista tenemos al ailanto, extendidísimo en varias zonas del jardín; donde por su espesura llega a comprometer la vida de ejemplares de otras especies.
Como especie propia del terreno yo pondría al Almez, pues el lugar de este jardín en la falda suroeste del Cerro del Castillo (que más bien se debería llamar Cerro de La Gruta) reúne gran parte de las necesidades de estación que esta especie vegetal necesita para vivir con holgura; y leo directamente del libro “Árboles y arbustos de la Península Ibérica e Islas Baleares” de Galán, Gamarra y García, en Ediciones Jaguar, :
“Natural del S. de Europa, O. de Asia y N. de África. Esta especie está distribuída por casi toda la península, pero es más abundante en Aragón, Extremadura, La Mancha y Andalucía. Su carácter nativo fue cuestionado en el pasado por lo que la mayoría aparecen en las proximidades de construcciones rurales o en antiguos cultivos abandonados.
Especie exigente en agua, se encuentra junto a manantiales, roquedos con abundancia de agua edáfica, pies de ladera y de cantil con la capa freática próxima, ambientes marginales en ribera u otras situaciones en que la sequía estival es mínima. Puede desarrollarse sobre cualquier tipo de sustrato, pero crece mejor en los sueltos, arenosos y profundos. Es poco resistente a los fríos intensos invernales y tolera mal las heladas tardías.”

Hace unos años, antes de que se acondicionaran los márgenes de la carretera que limita por su base al Jardín y al Edificio otrora Hotel, Sanatorio o Residencia, y se convirtieran en ancha acera, los almeces crecían al pie del edificio, en las cunetas de la carretera e incluso en las grietas de la pared de piedras que soportan al edificio. Pero fueron sacrificados por quienes les desconocían para dar una imagen más aseada al entorno, y lo que es peor, fueron sustituidos ignominiosamente por una plantación lineal de Soforas (Sofora japónica) contra las que ninguna otra cosa tenemos, y que por cierto progresan en conjunto con una más que aceptable evolución en sus portes.
Si deseáis aventuraros a través de los “jardines del sanatorio” podréis encontraros con varios pies de muy aceptable tamaño (nunca como el gran almez de la Cuesta del Olivo), además de numerosos pies dispersos con escaso porte. Además de compitiendo contra los invasores Ailantos, los encontraremos en asociaciones naturales con otras especies, como por ejemplo con Majuelo (Crataegus monogyna).
Para próximas entregas os prometemos reportajes sobre los almeces en otros lugares de La Sierra: Zufre, Alajar, Rio Frío en Cumbres,…

D. Martínez

jueves 21 de octubre de 2010

El Pino de Gonzaliano

En un lugar del Cabezo, uno de los de mayor altura de los que rodean el alto valle donde se ubica Aracena, aproximadamente donde hoy día se eleva la antena con el repetidor de teléfonos, no hace mucho, 70 años, existía un magnífico ejemplar de pino piñonero, que “por su porte y emplazamiento se divisaba a muchas leguas de su contorno, sirviendo de guía a sus naturales”. Era conocido y reconocido como el Pino de Gonzaliano. Pino al parecer célebre por su envergadura y popular por su papel de guía para todos los que iban y venían. Y parece ser, según el poema, que frecuentado también por los paisanos en sus paseos y devaneos. Desapareció por un terrible huracán el 15 de Febrero de 1941.

Seis años más tarde, en 1947, Fernando Labrador Calonge, un ilustre poeta aracenés de la primera mitad del siglo XX lo ensalzó en un poema que incluía en su libro “Altas Cumbres”. El poema estaba dedicado a Víctor González Tello, otro paisano que durante esa época desempeñó labores administrativas en el Ayuntamiento, y por el que a través de su obra inédita “Apuntes de Aracena y su Distrito”, hemos tenido noticia del tan afamado pino.

ELEGÍA DEL PINO GONZALIANO
A Víctor González Tello.

El viento ha cercenado aquel hermoso,
añoso pino, verde y solitario;
faro amable que fue de los caminos
agrestes pedregosos y serranos;
aquel pino de formas gigantescas,
oteador de geórgicos trabajos,
vigía y Polifemo de los surcos,
señor de las colinas y los prados.

Aquel pino que ha sido, en tantas horas,
albergue incomparable de los pájaros,
aquel pino, mi amigo, a cuyo sombra
devané los ensueños de mis años
y él, constante, le daba a mis heridas
la gracia salutífera del bálsamo.

Ya no verás jamás ¡oh pino mío!,
cómo tornan los cándidos rebaños,
después de haber corrido por los montes,
a la mansa quietud de los establos;
ni en las piedras lucir, en el estío,
su enjoyada corteza los lagartos;
ni oirás esos mugidos que las vacas
le dan a los terneros rezagados;
ni verás que Aracena en torno tuyo,
diáfana y serena, sobre el manso
reposo de sus horas, brilla hermosa
dormitando en grácil tálamo blanco.
Ya no será tu espejo el bello pueblo
donde tú te mirabas como un astro.

¡Qué iba yo a conocer la muerte tuya,
no lo hubiese previsto ni soñado
cuando los pinos viven largos siglos
y febles y caducos son mis años!
Cuando tengo la vida amenazada
por mísero banquete de gusanos;
cuando espero el reposo en una tumba,
me quitan el idilio de tus brazos,
el mágico perfume que exhalabas
en las íntimas siestas de verano;
cuando en ti se posaban los jilgueros
que las áuras surcaron sin descanso,
y en la paz nemorosa de las selvas
vertieron los arpegios de sus cantos.

Los grillos llorarán tu vida rota,
poniendo sinsabores en los pastos.
¡Ay, tu hermosa cabeza, pino mío,
en las rachas del viento huracanado!
¿Por qué se han desatado, en daño tuyo,
los furores maléficos del ábrego?

Las rubias margaritas desfallecen
con lánguidas tristezas en los tallos;
suspirando los lirios en los valles,
aumentan el color de su morado.
¿A quién le diré yo mis soliloquios
que ni místicos son ni son profanos?
¿Con quién compartiré las penas mías,
si más pena que yo, tiene ya el campo?

Fernando Labrador Calonge (“Altas Cumbres” Sevilla 1.947).

Topónimos

En la Sierra abundan los pueblos con nombres de árboles: Higuera de la Sierra, Puerto Moral, Castañuelo, El Quejigo, Castaño del Robledo, Encinasola... El origen o la causa de muchos topónimos es un auténtico misterio. Otros, sin embargo, parecen más fáciles de explicar. En muchos casos, lo natural es pensar que el topónimo simplemente hacía referencia a un elemento destacado del paisaje (el valle verde, el monasterio, la fuente de agua fría...). Según esto, en los lugares donde surgieron algunos pueblos el elemento más destacado del paisaje debía ser un árbol. También es lógico pensar que la mayoría de los topónimos no surgieron de un día para otro, sino que se popularizaron y se transmitieron de generación en generación antes de implantarse definitivamente. Un árbol convertido en referencia principal de un lugar durante tanto tiempo debía ser un árbol verdaderamente destacado sobre todos los demás, probablemente el más grande y el más viejo... ¿Cómo sería aquel castaño en medio de un robledo que dio nombre al pueblo? ¿Cómo de importantes serían en otro tiempo aquella higuera o aquella encina para que su recuerdo haya llegado hasta hoy en forma de topónimo?
En cualquier caso, todo eso pasó a la historia, los árboles se perdieron y aunque los nombres permanecen ya no significan nada. Ni siquiera en ninguno de estos pueblos se le ha ocurrido a nadie volver a plantar, como homenaje, en un lugar destacado, un ejemplar del árbol al que deben su nombre.

viernes 24 de julio de 2009

Más grafiosis

Da la impresión de que estamos en plena expansión de esta enfermedad que ya describimos en alguna entrada anterior. Resulta descorazonador ver cómo no dejan de aparecer más y más olmos secos por todas partes. El efecto de la enfermedad es muy evidente entre los olmos de los márgenes de las carreteras (muchos se han secado este verano en, por ejemplo, el tramo entre Galaroza y Valdezufre). En el bosquecillo que se forma en los márgenes de la ribera del Odiel a su paso por Valdezufre se pueden ver, desde la carretera, muchos de estos olmos, con las hojas de esta primavera ya secas y de un color rojizo muy característico. Lo peor, sin embargo, está ocurriendo en la arboleda del Rodeo, en Aracena. Aquí, 13 enormes ejemplares de Ulmus minor, de unos 3 m de perímetro de tronco y unos 25 m de altura, formaban un conjunto único, un auténtico monumento natural. De los 13 árboles, 8 presentan síntomas avanzados de la enfermedad o están ya totalmente secos. En esta arboleda la enfermedad sigue una dinámica de libro. Recordamos que unas anillas colocadas en sus troncos debilitaron hasta casi secarlos totalmente a dos de estos olmos. Esa debilidad probablemente indujo un ataque de escolítidos que infectaron de grafiosis los dos olmos. Desde entonces la enfermedad se ha ido expandiendo hacia los demás árboles progresivamente, probablemente por contacto entre las raíces. Si no se hace nada y todo sigue según lo previsto, pronto los 13 árboles estarán secos.

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Encinas Gemelas. Puerto Moral

Este banco en la parte alta de Puerto Moral, junto a la iglesia, ocupa un lugar privilegiado. Invita, en estas tardes de verano, a tomar el fresco y contemplar el paisaje: las huertas del pueblo, abajo, y al fondo, los montes. De hecho, el ayuntamiento, consciente de que éste era un lugar estratégico, decidió convertirlo en una especie de pequeño y discreto mirador, acondicionando la acera y un espacio para aparcamiento e instalando un punto de información turística y dos o tres bancos más, aparte del que aparece en la foto. Nosotros lo traemos aquí porque nos ha sorprendido que, contrariamente a lo que estamos acostumbrados, en las obras de acondicionamiento se decidiera respetar las dos grandes encinas que crecen desde la calle de abajo y dejar hueco el espacio que ocupan en la estructura que salva el desnivel entre las dos calles. Así, han conseguido que estas dos viejas encinas sigan, como desde hace tantos años, formando parte del casco urbano de Puerto Moral, y ahora además que contribuyan a sombrear el mirador y a darle un carácter especial.

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Poda en Linares de la Sierra

En el entorno de la iglesia de Linares de la Sierra había, desde hace muchos años, una bonita melia con una copa enorme, equilibrada, perfecta. Por su tamaño y por el sitio que ocupaba, esta melia era uno de los árboles más destacados del pueblo. Decimos “era” porque hace poco tiempo parece ser que a alguien (no sabemos quién) le llamó la atención, la vio quizás muy bonita y decidió que había que “podarla”. El resultado se puede ver en la fotografía. Da un poco de vergüenza hacer públicas estas cosas, pero por desgracia, esto es lo que tenemos. En la entrada “Poda en las Tenerías” ya estuvimos hablando de las técnicas de poda y de cómo se aplican últimamente por estos pueblos. Un ejemplo más a sumar a la lista. En Linares, el que ha hecho esta poda y el que se la ha encargado, desde luego, se han cubierto de gloria.

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domingo 24 de mayo de 2009

Despedida

Finalmente la Diputación de Huelva ha decidido cerrar la Oficina Técnica de Regadíos en Fuenteheridos. Esta Oficina ofrecía a los agricultores serranos asesoramiento técnico sobre frutales y regadíos, y era la referencia obligada en la Sierra sobre temas de castaños. En ningún otro sitio se tenían conocimientos técnicos tan directos y precisos sobre el castañar de la Sierra como en esta Oficina. Los artículos que publicamos aquí sobre la socarrina de los castaños o sobre los problemas del castañar son un ejemplo de ello. Además, desde la Oficina se intentaban abordar soluciones concretas para las muchas dificultades que afronta hoy en día el castañar. Con esta decisión la Diputación de Huelva retira el apoyo que venía prestando al castañar serrano en un momento crítico para su supervivencia. En el siguiente artículo, el director de esta Oficina, Diego Diajara, hace un balance del trabajo realizado y nos deja sus reflexiones.

BALANCE DE 10 AÑOS DEDICADOS A INTENTAR MEJORAR LA AGRICULTURA SERRANA
El día 31 de mayo la Oficina Técnica de Regadíos cierra definitivamente sus puertas. Me gustaría, en nombre de mis compañeros y en el mío propio, despedirme profesionalmente de todos vosotros, agricultores y serranos en general, como debe de ser. Quisiera también dejaros un breve resumen del trabajo realizado y unas últimas reflexiones, por si a alguien pudieran serle de alguna utilidad.

Nuestro principal objetivo a lo largo de estos 10 años ha sido tratar de mejorar la calidad y la rentabilidad de nuestros castaños y regadíos. Hemos investigado profundamente el castañar tradicional, hemos dado a conocer nuevas variedades de castañas hasta ahora desconocidas por muchos, hemos asesorado y colaborado en diseño y manejo de estas nuevas variedades y plantaciones, hemos hecho los seguimientos oportunos para que si se detectaba alguna enfermedad de cuarentena, erradicarla y que no se transmitiera al castañar tradicional, y hemos organizado varios eventos y jornadas técnicas en la Comarca y fuera de ella.

En cuanto a los regadíos ¿que os voy a decir? Hemos sido el eslabón para unir y convencer a varios Alcaldes de que una de las cosas mas importantes que se pueden hacer en la Sierra es recuperar los regadíos históricos, para que estas tierras vuelvan a ser lo que todos soñamos y por desgracia sólo unos pocos hemos conocido. Tierras generadoras de riqueza y de puestos de trabajo tan necesitados en estos tiempos. Hemos convencido a las Administraciones tanto provinciales como regionales de la necesidad de modernizar, de acuerdo a los nuevos métodos de riego, estos regadíos que antaño fueron parte del sustento de vida de muchas familias. Hemos llevado a cabo intensas negociaciones y trámites con la Confederación Hidrográfica del Guadiana para obtener las concesiones de agua que se requieren antes de constituir la definitiva Comunidad de Regantes del Valle del Múrtigas.

Además, en colaboración con varios agricultores, se han hecho plantaciones de frutales, que nada tienen que envidiar a las mas modernas de Europa. Ahí están para dar ejemplo de como se puede desarrollar una fruticultura de primor, respetuosa con el medio ambiente y el entorno, generadora de mano de obra asalariada y familiar.

Finalmente hemos colaborado con diversos medios de comunicación (Prensa, Radio y Televisión), para ayudar a que nuestros productos agrícolas se conozcan y se aprecien por parte del consumidor. Además, hemos colaborado con varias Universidades y con distintas Consejerías, muy especialmente con la Consejería de Medio Ambiente y con la de Agricultura. También hemos intercambiado conocimientos y experiencias con Científicos del castaño a nivel internacional, del INRA y Ctifl de Francia y del INIA de Chile.

En una palabra hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos, para levantar el castañar y fruticultura Serrana tan olvidada por nuestros políticos, los de antes y los de ahora.

Nuestra Oficina cierra precisamente ahora que empezaban a verse los resultados del esfuerzo y el trabajo de un equipo que ha sabido suplir con dedicación y cariño la escasez de medios que nos proporcionaron. Como comprenderéis, a mi edad, que cierren la Oficina a mi ya no me causa un gran trastorno personal, pero lo siento especialmente por mis compañeros que son bastantes mas jóvenes que yo. Sin embargo, mi principal preocupación es otra: temo que este cierre sólo sea el síntoma de un problema mayor: la despreocupación y el desinterés de los políticos hacia las perspectivas y el futuro agrícola de toda una Comarca y la ilusión de muchos agricultores.

¿Que va a ser de nuestros castaños? ¿Quien va a seguir investigando para aumentar su rentabilidad y que no acaben un día siendo pasto de las llamas? ¿Quien va a seguir velando para que enfermedades nuevas o plagas de introducción reciente en Europa no los invadan? Y ¿Qué pasará con los ensayos que tenemos en marcha para investigar 12 variedades de castañas mediante injerto en 4 fincas con cuyos propietarios se firmó un contrato por 5 años? La verdad, en estos momentos no lo sabemos. ¿Que va a pasar con la futura Comunidad de Regantes?, ¿Se va a llevar a feliz término su constitución? ¿Vendrán las ayudas que han prometido para que ese bien tan preciado que es el agua, llegue hasta donde hace muchos años no llega? No olvidemos que antes de ser declaradas Parque Natural, estas tierras ya eran un vergel, gracias a su naturaleza y al esmero de los propios agricultores.
Una forma efectiva de luchar contra el cambio climático sería invertir para proteger este verdadero pulmón de oxigeno que contribuye a purificar el aire que respiramos. En lugar de ello, vemos cómo se destinan miles de euros a organizar jornadas para hablar del cambio climático.

Esperamos al menos que sensatez política no desaparezca totalmente, y que la Oficina Agrícola se mantenga, aunque sean otras personas las que trabajen en ella. En los tiempos que vivimos es bueno y necesario que haya regeneración en todos los ámbitos de la Administración. Por eso desde aquí pido a nuestros gestores, que busquen a otro grupo de personas y sigan el buen camino que nosotros iniciamos hace ahora 10 años.

Sé que muchas veces os he cansado con tecnicismos y palabras un poco raras, refiriéndome a nuestros queridos castaños, pero no quedaba otro tipo de expresión. Ahora ha llegado el momento de dirigirme a todos vosotros como agricultor (no tengo castaños) y sobre todo como Serrano, que nació y que finalmente descansará a la sombra de ellos (el cementerio de mi pueblo también esta rodeado de estos majestuosos árboles).

Como culminación a 10 años de trabajo, voy a repetir una Ponencia mía, que di en la 1º Feria de la Castaña Andaluza que se celebró en Fuenteheridos, porque me consta que la mayoría no la conocéis y creo que os gustará. Mirad, decía así:

Me gustaría que dejáseis volar vuestra imaginación, pues si bien mis palabras carecen de rigor científico, sí creo que os producirán los mismos sentimientos que a mí al pronunciarlas.
La castaña es un fruto distinto a los demás. Ningún otro fruto reúne a la familia, a los amigos, a los vecinos para juntos charlar, contar anécdotas, los abuelos contarles cuentos a sus nietos... mientras juntos, y al calor de la candela, esperamos que se ase un tostao de castañas.
Es por tanto un fruto evocador de añoranzas. Es motivo de fiesta y alegría.... Es un rito muy antiguo que pervive en nuestros días.
¡Qué entrañable es contemplar estampas otoñales y Navideñas de grandes ciudades sumergidas en la vorágine del día a día, y ver cómo en una esquina de una céntrica calle hay un vendedor de castañas asadas que, como si quisiera que el tiempo no pasase, entre el calor, el humo y ese olorcillo tan agradable con sabor a pueblo y a castañas asadas, ofrece una imagen que no parece de nuestros días!
Por todo ello, es un fruto rodeado de un halo de nostalgia y recuerdos de niñez, que a todos nos agrada guardar en nuestra memoria, para seguirlo transmitiendo a generaciones venideras.
Los castaños, esos grandes desconocidos por muchos, y casi olvidados por otros, esos árboles llenos de misterios, son los que hacen posible que los Serranos nos sintamos orgullosos de tener un paisaje único.
Alguien dijo que los castaños han subido a los altares sin ser madera para santos, pues muchos retablos y altares de Iglesias y Catedrales están hecho con esta noble madera. Tan nobles son los castaños que cuenta la leyenda que, bajo su espesura, nunca se pudieron esconder charlatanes y filibusteros, pues después llegaba el otoño y se quedaban al descubierto (cada uno que lo interprete como quiera).
A finales de otoño se visten con sus mejores galas... colores amarillos, rojos, ocres... para después, irse desnudando lentamente, mostrándonos sus esbeltas y hermosas siluetas, antes de descansar en el crudo y frío invierno serrano. Aunque vetustos y ahuecados por las inclemencias del tiempo y el paso de los años, no quieren que los abandonemos. Saben que son necesarios para mantener vivo el ecosistema de la Sierra. Pasan el invierno desnudos, acumulando el frío que tan necesario les es. Cuando llega la primavera, nos dan una lección magistral de naturaleza llena de esplendor y verdor y dan cobijo a los pájaros para que nidifiquen y se reproduzcan. Es toda una invitación a comenzar un nuevo ciclo de vida. En los rigores del verano, mientras están gestando una nueva cosecha, nos protegen con su sombra, y dan frescor a las noches serranas...

Por todo ello, tenemos que luchar para que nunca desaparezcan, ni se vean diezmados. Imaginarse la Sierra... nuestra Sierra, sin sus castaños, seria como imaginarse que a la Tierra, un día le faltase el sol.

Diego Vicente Diajara Hidalgo.

Recuerdos

Estimados Amigos de los árboles de nuestra Sierra,

Soy Manuel Moya, de Fuenteheridos, y quiero felicitaros por el blog, que me recomienda Carmen Castillo. Mi padre, agricultor de Fuenteheridos, ha dedicado su vida al cuidado de los árboles y por eso aplaudo vuestra iniciativa. Os hablaré sucintamente de mi padre, que vive todavía y que sigue queriendo a los árboles. No he conocido a nadie que los haya querido tanto y agradecido tanto su existencia. Un día fui a buscarlo al campo, cuando él ya tenía 70 años. Lo vi empujando trabajosamente un carrillo lleno de piedras. Le pregunté qué hacía, qué estaba haciendo. Lo que estaba haciendo era, nada más y nada menos, rellenar (empastar) los huecos de los viejos castaños con esas piedras y con la tierra que sacaba de los alrededores. Me dijo que eso lo hacía para que los castaños aguantasen mejor las embestidas del viento y los aguajes, para alargar, en suma, la vida de los castaños. A tí qué más te da, le respondí, tú tienes ya setenta años. Bueno, me dijo, las cosas no son así. Si el abuelo de mi abuelo hubiera pensado esto desde luego que no hubiera plantado o cuidado sus castaños. Yo he podido vivir del campo porque el abuelo de mi abuelo sembró y cuidó unos castaños que a él le iban a producir muy poco y sin embargo trabajó. Mi obligación es dejarles a los nietos de mis nietos las cosas como me las encontré, ni más ni menos. También, resumió, ellos tienen derecho a comer, como lo he tenido yo.
Os relato esta pequeña historia como ejemplo y como paliativo para quienes todo lo quieren aquí y ahora y son capaces de destruir todo cuanto se les ponga a su alcance, por conseguir un "pelotazo" ya pero ya. Hemos perdido el ritmo y el tiempo de las cosas importantes (el tiempo y el ritmo de la Naturaleza) y nos hemos convertido en extranjeros de nuestra propia casa, en gente de paso, cuando no en simples depre-dadores. Por eso os felicito y os aplaudo por la iniciativa del blog.

Yo también planto árboles. Árboles de la memoria, los llamo. Cuando voy a un lugar emblemático (la Alhambra, Silos, El Museo del Prado, la Mezquita Azul de Estambul, El capitolio o el Coliseo romano, el cementerio de Moguer o de Soria, donde están enterrados Juan Ramón o Machado, respectivamente, o el barranco de la Fuente Grande, en Alfacar, donde se dice que reposan los restos de Lorca...), me traigo semillas de distintos árboles y las siembro en mi terraza hasta que alcanzan la altura necesaria para plantarlos en mi huerta. Si entre los blogueros hay alguien interesado/a en alguno de estos árboles, le ruego se ponga en contacto conmigo y yo, gratuitamente, le proporcionaré alguno.

Un abrazo a todos

Manuel Moya

jueves 23 de abril de 2009

Procesionaria. Aracena

La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es una plaga que puede tener efectos devastadores no sólo en los pinos, sino también en los cedros. En el Parque Municipal de Aracena hay cinco cedros enormes y muy bonitos, y los cinco están afectados por esta plaga. Se nota porque de sus ramas cuelgan abundantes los bolsones, los típicos nidos de seda donde se refugian en masa las orugas. Se nota además porque durante el invierno las orugas han ido comiendo y han dejado los árboles sin hojas, como si se hubieran secado, principalmente por su cara sur, la más cálida y la preferida por las orugas.

La procesionaria es una mariposa nocturna. Los adultos, que no se alimentan, no viven más de una o dos noches, el tiempo suficiente para reproducirse y que cada hembra deje sobre las acículas de los pinos o cedros cientos de huevos. Las orugas, al principio muy pequeñitas, salen a finales del verano y empiezan a alimentarse sobre las mismas acículas donde nacieron. Poco a poco van creciendo y desplazándose por el árbol y cuando llega el invierno construyen los bolsones de seda que les sirven de refugio contra el frío. Las orugas son muy voraces y, cuando sus poblaciones son altas, suelen dejar los árboles sin una sola hoja. A finales del invierno han aumentado su tamaño en diez veces. Entonces bajan de los árboles en procesión, una tras otra en una larga fila, en busca de un lugar apropiado donde enterrarse hasta una profundidad de unos 15-20 cm. Este año, en el Parque de Aracena estas procesiones tuvieron lugar a finales de Febrero. Bajo tierra las orugas se transforman en crisálidas que, pasado un tiempo que va desde varios días a varios años, sufren la metamorfosis y dan lugar a los adultos. Las mariposas salen de la tierra en verano, durante el crepúsculo, para reproducirse y cerrar de nuevo el ciclo.

Hay varios motivos por los que el Ayuntamiento debería ocuparse de esta plaga y evitar que siga aumentando sin control:
1. Las orugas están dañando y debilitando los cedros del Parque
2. Las orugas están cubiertas de pelos urticantes. Cuando son muy abundantes pueden provocar irritación y reacciones alérgicas intensas en la gente que visita el Parque. Dos de estos cedros están junto a la zona de juegos infantiles.
3. El Parque actúa como un foco desde el que la plaga se extiende por otras zonas.

Los tratamientos posibles son: En verano, la colocación de trampas con feromonas para combatir la reproducción y la puesta. En otoño, tratamiento insecticida contra las orugas pequeñas. En invierno, eliminación de los bolsones. No estaría de más, también, la colocación de cajas nido que favorezcan la presencia de pájaros insectívoros en el Parque.

(Pulsa en la foto para ver más imágenes)

Alcornoque de Los Marines

En el camino que sale de Los Marines hacia el cementerio, a escasos 50 metros de la entrada de éste, está este magnífico ejemplar de alcornoque. Está situado justo en un talud al borde del camino, con la mitad del tronco en el camino y la otra mitad en la linde de una parcela privada. Este alcornoque, muy antiguo, ha debido acompañar a los usuarios del camino, que baja a las huertas de Los Marines, durante al menos el último siglo. Tiene un enorme tronco de 4.60 m de perímetro, una vez descorchado. Antes del descorche superaría de largo los 5 m. La copa abarca una enorme superficie y, en general, el árbol está aparentemente en buen estado.

(Pulsa en la foto para ver más imágenes)

miércoles 22 de abril de 2009

Poda de olmos en las Tenerías. Aracena

En este blog lo hemos comentado ya varias veces: Es increíble que tras varias epidemias de grafiosis y después de décadas de abandono y agresiones directas de diverso tipo, todavía tengamos en la Sierra la suerte de poder contar con varios grupos de olmos centenarios, restos de unas especies ya casi desaparecidas, que constituyen un auténtico monumento cultural y natural. Y como ya lo hemos contado, suponemos que nuestras autoridades están al tanto de que su obligación es conocer, cuidar y respetar este patrimonio.

Los olmos de Las Tenerías, como otros grupos de olmos en la Sierra que llevan tantos años de abandono, necesitaban una poda que los sanease y los revitalizase. Pero, como cualquiera que entienda algo del tema sabe, las podas suelen ser labores delicadas que hay que hacer con cuidado y pensárselas bien, porque condicionan el futuro del árbol. Mucho más en ejemplares de este valor, en los que la poda requiere unos buenos conocimientos sobre el tema y un trabajo cuidadoso y bien calculado.

Nada de esto se ha tenido en cuenta en la poda que acaban de hacerles a los olmos de Las Tenerías. De hecho, más que podarlos, los han terciado, una práctica que en arboricultura se aconseja sólo en casos excepcionales. Y no sólo eso: han cortado muchas ramas gruesas (muy gruesas) sin dejar tirasavias en ninguna de ellas; han cortado a una distancia incorrecta del tronco, dejando tocones libres que no podrán cicatrizar; han provocado desgarros de corteza en varias ramas de varios árboles; y no sólo han desaprovechado la oportunidad para equilibrar las copas sino que en muchos casos las han desequilibrado aún más. Todas estas prácticas tendrán consecuencias futuras. Aparte de los desequilibrios, es de esperar que todos estos cortes y heridas provoquen en un futuro la seca de ramas y la invasión de patógenos. De hecho, esto ya venía ocurriendo, y en la mayoría de los nuevos cortes se aprecia cómo la médula de estos árboles está ya afectada por las típicas pudriciones que se originan por heridas de poda.
Un desastre. Pulsando aquí podéis ver más fotos del estado en que han quedado los árboles, para que cada cual pueda sacar sus conclusiones.

Por cierto, en Internet hay muchas páginas con información básica sobre técnicas de poda en árboles, donde cualquiera puede contrastar nuestras opiniones. Por ejemplo, pulsando aquí podéis acceder a un bonito folleto de la Universidad de California y pulsando aquí, a una página web con información detallada sobre el tema.

A propósito de olmos, esta primavera hemos comprobado que varios de los olmos del recinto del Rodeo se han secado definitivamente, entre ellos, los que estaban anillados, que ya denunciamos aquí en su tiempo. Podéis ver las fotos de los árboles secos en aquella misma entrada: Olmos del Rodeo.

lunes 16 de febrero de 2009

La Socarrina del castañar

Algunos quizás hayáis notado que en los últimos años el castañar ha perdido parte de la fantástica gama de colores que nos ofrecía en el otoño. En el siguiente texto, Diego Diajara, director de la Oficina Técnica de Regadíos de la Diputación de Huelva, nos cuenta que esto se debe a una enfermedad que, más allá de efectos puramente estéticos, tiene importantes consecuencias económicas sobre el castañar.

LA CAIDA PREMATURA DE LAS HOJAS DEL CASTAÑAR SERRANO

Desde hace unos 14 años se viene observando que a nuestros castaños se le empiezan a caer las hojas desde mediados de septiembre, o incluso antes y no llegan a adquirir los colores típicos otoñales. De verde pasan a estar secas y seguidamente caen. En algunos sitios le llaman " Socarrina", nombre derivado del "socarrado o secado" que se produce en algunos frutales. Nada tiene que ver una cosa con la otra y tratare de explicároslo de una forma sencilla. En los castaños el secado o asurado de hojas está producido por una enfermedad, mientras que en algunos frutales es consecuencia de una alteración fisiológica.

Me voy ha centrar en los castaños por la grave incidencia que esta teniendo en estos últimos años. La socarrina es una enfermedad provocada por un hongo llamado Mycosphaerella maculiformis. Este hongo provoca la caída prematura de las hojas y esto tiene dos efectos principales: por una parte debilita los castaños y merma su producción, al no permitirles acumular la suficiente cantidad de hidratos de carbono. Por otra parte, la caída prematura de las hojas entorpece la recolección, haciéndola más costosa. Sus efectos empiezan a ser considerables cuando el ataque provoca la caída de más del 30% de las hojas. Además, al caer las hojas antes o a la vez de las castañas, estas quedan tapadas y se puede crear un microclima muy propenso para el ataque de los hongos que afectan al fruto.

Los primeros escritos que hacen referencia a esta enfermedad, datan del 1880 según Picconne, y se detectó por primera vez en los castañares de los alrededores de Génova y posteriormente en varias Comarcas de Francia en 1889 (Roumegnere). En la Sierra de Aracena se observó por primera vez en el año 1991, en castañares situados entre Los Marines y Aracena, junto a la carretera N-433. Probablemente, como parece haber ocurrido a veces con otras enfermedades de los vegetales, algún vehículo procedente de zonas contaminadas introdujo las esporas del hongo en nuestra comarca. Todavía en el año 2007 se han podido observar algunas zonas de castaños indemnes a esta enfermedad por estar alejadas y aisladas de lo que es la gran masa de castaños de la Sierra.

Para que se produzcan ataques severos de la enfermedad, se tienen que dar varias condiciones:
1ª Que haya conidias de la enfermedad en el ambiente.
2º Que las hojas permanezcan mojadas por la lluvia un determinado tiempo.
3º Que durante el periodo de humectación foliar las temperaturas se mantengan en el rango óptimo para el desarrollo del hongo, entre 18º C y 32º C aproximadamente.
Y 4º Que los castaños se encuentren en plena vegetación.

Desgraciadamente, en nuestra Sierra estas condiciones se dan con mucha frecuencia. Hay años que alguna tormenta o lluvia caídas en el mes de julio, ya provoca un ataque primario, que no suele ser muy alarmante. Pero si vienen lluvias posteriores en el mes de agosto, la dispersión de la enfermedad a partir de este primer ataque es muy abundante y ya empieza a causar daños visibles. Pero los ataques catastróficos, se producen si el mes de septiembre viene con algunas lluvias. En el año 2008, se produjeron 4 ciclos consecutivos de la enfermedad, y las consecuencias fueron un verdadero desastre para los agricultores y para los castaños.

Hoy en día se conoce bien el ciclo de las principales enfermedades de los vegetales y, según las condiciones ambientales, se puede predecir el momento más oportuno para aplicarles algún fungicida que evite que el hongo penetre en las hojas. Para ello es fundamental tener registros fiables de temperatura, tiempo de humectación de las hojas, y humedad ambiental. Conociendo estos parámetros, se puede tomar la decisión de usar un producto preventivo, erradicante o curativo. El periodo del que disponemos para controlar la enfermedad suele ser como máximo de 92 horas, desde que se producen las condiciones favorables para la infección hasta que el hongo penetra en las hojas. Los síntomas no son visibles hasta que han pasado entre 21 a 27 días, después de la infección. Este periodo pude variar algo en función de la temperatura ambiente.

A veces se observa la enfermedad en unas zonas y en otras no. Esto es debido fundamentalmente a la situación de cada finca ya que, por ejemplo, las temperaturas no son las mimas en solana que en umbría. También influye cuál sea la variedad de los castaños. He notado que en nuestra zona la variedad más sensible es la "Ancha", seguida de la "Comisaria" y luego de la "Helechal". La “Temprana” es la más resistente de las que tenemos, pero si vienen más de 2 contaminaciones anuales no se salva tampoco.

Actualmente no existe ningún producto homologado para usar en el castañar, y además si lo hubiera difícilmente se podría usar por lo costoso que sería. Así como para controlar distintas plagas se pueden usar medios aéreos, para las enfermedades hay que usar una media de 500 a 1.000 litros de fungicida por hectárea, para mojar perfectamente toda masa foliar. Además, como antes he dicho, habría que dar no menos de 3 tratamientos anuales, lo que implica unos costos que no son asumibles por nadie.
La única forma de mantener la enfermedad en unos niveles bajos, seria cada 2 ó 3 años quemar todas las hojas caídas, para destruir el ciclo evolutivo del hongo. También se pueden destruir las hojas, aplicándole una pulverización de Urea diluida en agua al 10% (10 kgs. en 100 lts). Pero para que estas medidas fueran eficaces habría que aplicarlas en grandes extensiones.

Hay variedades de castaños que son totalmente resistentes a esta enfermedad. Es resistente la especie Castanea crenata y los híbridos que salen del cruce de ésta con C. sativa. Esto lo podéis observar en las plantaciones de estos híbridos que hay en la Sierra. Veréis como, por muy atacados que estén los castaños tradicionales, los híbridos, aunque estén al lado, no muestran ningún síntoma. También hay algunas variedades de C. sativa que son resistentes. En la experiencia que estamos haciendo con los injertos, hemos procurado elegir variedades totalmente resistentes, o al menos que no sean tan sensibles como las que tenemos ahora. Este es un tema de suma importancia en zonas donde la enfermedad se ha hecho endémica, como lo es, por desgracia, la nuestra.

Mi pretensión con este escrito es daros a conocer un mal que casi todos los años padecen nuestros castaños y que agrava los múltiples problemas que ya tienen. Me gustaría con ello desterrar de una vez por todas ciertos comentarios que circulan por ahí atribuyendo este mal a "una lluvia ácida", a "el cambio climático" o a, como dicen algunos, “una contaminación por el Polo Químico de Huelva, traída por los vientos del Sur”. El mal del que hablamos es una enfermedad con nombre y apellido, que se ha adueñado de nuestros castaños y que hoy en día es difícil de erradicar. Me han comentado que este año se ha empezado a ver también en los castaños de La Serranía de Ronda. Ignoro si aquella variedad será más o menos resistente.

Diego Diajara.

viernes 13 de febrero de 2009

Ricardo Codorniú, el apóstol de los árboles

"Efectivamente, si en las cercanías de un pueblo el camino está plantado de árboles, cuando hay pocas marras, cuando no son objeto de podas salvajes, cuando no se ven arrancados jirones de sus cortezas, ni muestran heridas ni letreros, estad seguro de que os acercáis a una población civilizada, de que allí hay higiene, instrucción y cultura, y aún de que se administra debidamente.”

La cita procede de un texto publicado en 1912 por la Revista de Montes, titulado “El turismo, protector del árbol”. Su autor es Ricardo Codorniú y Stárico (1846-1923), un ingeniero de montes que tuvo un papel relevante en su tiempo y llegó a ser presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural y fundador de la Sociedad de Amigos del Árbol, y de la revista España Forestal. Fue además el artífice de la repoblación de la Sierra de Espuña. Pero sobre todo, a lo largo de toda su vida destacó por su amor a la naturaleza y por su empeño en la defensa de los árboles y los pájaros. Esta actitud, que lo convierte en un pionero del ecologismo en España, lo llevaría a ser conocido en su época como “el apóstol de los árboles”. Su compromiso en la defensa y la divulgación de los valores de los árboles queda perfectamente reflejado en este texto tan curioso, mezcla de entusiasmo, ingenuidad y denuncia que es “El turismo, protector del árbol”. En ese estilo tan pintoresco de la época, Codorniú devana argumentos diversos para intentar convencer al público y, sobre todo, a las autoridades de los beneficios que se obtienen de plantar árboles y mantenerlos en buen estado. Y se refiere especialmente a la relación de los árboles con el turismo, algo que afecta directamente a la Sierra de Aracena.

Acabamos con otro fragmento del texto que no tiene desperdicio:

"He aspirado siempre a que, a más de árboles aislados y plantaciones lineales, cada poblado que no tenga un monte inmediato dedique una parte de su término, por pequeña que sea, a la creación de un rodal de monte, sembrando o plantando el terreno de especies forestales y dejando que la Naturaleza complete la obra. Así no se produce algo que pueda compararse a un parque, provisto de anchos paseos arenados, con fuentes y adornos de jardinería; pero lo que pierde en belleza artificial, lo gana en encantos naturales, y si el menudo césped no cubre el suelo, lo cubrirá una variadísima vegetación espontánea, que también posee hermosura, y grande. Teniendo cuidado de quitar, por medio de escardas, las plantas que hagan el tránsito molesto y desagradable, como son los cardos y las matas y arbustos espinosos, y no lastimando los árboles con bárbaras podas, el rodal será visitado con placer por todo turista, además de servir de museo viviente de Historia Natural, pues allí podrán estudiarse la fauna y flora locales, y el maestro enseñar a sus discípulos los rudimentos del cultivo forestal.
Yo aseguro que donde esto se haga, los niños, y también los hombres, aprenderán a estimar y a defender a los dos grandes bienhechores de la Humanidad: el árbol y el pájaro, como también a no perseguir a los reptiles inofensivos."


Pinchando aquí podéis acceder al texto completo de “El turismo, protector del árbol”.

Pinchando aquí podéis acceder a otro documento curiosísimo y entrañable que ofrece la Biblioteca de la Universidad de Murcia y que nos aporta una faceta más de la personalidad de Ricardo Codorniú. Se trata de “Doce Árboles”, un librito que contiene doce cuentos sobre árboles, dedicados a cada uno de sus doce nietos.


(Gracias a Antonio F. Tristancho por el descubrimiento)

martes 13 de enero de 2009

Los problemas del castañar en la Sierra de Aracena

El castaño es el árbol más emblemático de la Sierra de Aracena. El castañar constituye un inmenso y antiquísimo monumento natural que ha configurado durante siglos el paisaje y la cultura de esta comarca. Sin embargo, en los últimos años han surgido voces que alertan sobre problemas que podrían comprometer su futuro. Para informarnos sobre esto hemos hablado con una de las personas que mejor conoce el castañar de la Sierra de Aracena: Diego Diajara, director de la Oficina Técnica de Regadíos de la Diputación de Huelva, en Fuenteheridos. Durante años, Diego Diajara ha intentado desde esta oficina profundizar en el conocimiento del castañar, en sus problemas y en las posibles soluciones. Esto es lo que nos ha contado:

¿Cuáles son las características principales del castañar de la Sierra de Aracena?
(Diego Diajara): El castaño es un árbol con unos requerimientos particulares que hacen que, en la Península Ibérica, su cultivo sólo haya prosperado en ciertos lugares muy concretos. Uno de ellos es la Sierra de Aracena. Aquí el castañar se extiende por la vertiente norte de la Sierra, entre Aracena y Almonaster, formando un bosque casi continuo. En esta sierra los castaños encuentran condiciones propicias: un suelo de carácter subácido-neutro (pH 5.8-6.7), muy rico en materia orgánica; una humedad alta, con precipitaciones que rondan los mil litros por metro cuadrado y año; y un verano relativamente suave.

Estas condiciones favorecieron la expansión del castaño por la Sierra. Actualmente el castañar ocupa una extensión de entre 4 700 y 5 000 Has. repartidas por 14 municipios. Con una densidad media de 50-60 árboles por Ha., esto supone una población total de alrededor de 270.000 castaños. Se trata además de un bosque muy antiguo. La edad media de estos árboles está entre 350 y 400 años, aunque algunos ejemplares se acercan al milenio.
El 90% de la superficie está ocupada por tres variedades principales, que son, en orden de mayor a menor abundancia: “Ancha”; “Helechal” y “Comisaria”. El restante 10% lo ocupan las variedades “Temprana o Sanmigueleña”; “Pelona del Barranco de los Nogales” y “Vazqueña o Dieguina”.
En su conjunto, este castañar aporta a la Sierra una inmensa cantidad de valores naturales, culturales, paisajísticos, turísticos y económicos, entre otros. Yo, que he visitado muchos otros castañares por todo el país, estoy convencido de que este castañar es único y no hay otro en España que se pueda comparar a éste en extensión continua, antigüedad y belleza.

¿Cuáles son los problemas principales de este castañar?
(Diego Diajara ): El principal problema es que, según nuestros cálculos, los costos de recolección y mantenimiento medios en los últimos años superan en 3 veces al rendimiento que se obtiene por la venta de la castaña. El castañar ha dejado de ser productivo y se está convirtiendo en un lastre para sus propietarios. Como consecuencia, especialmente durante los últimos 6-7 años, los castañares están entrando en un estado de abandono o semi-abandono que ya afecta a alrededor del 50 % de la superficie.
El valor de la castaña osciló en los últimos años entre 0.80 y 0.90 €/kg. La producción media en los últimos años ronda las 700 toneladas en toda la Sierra. Los ingresos totales por la venta de la castaña no suponen por tanto más que alrededor de 600.000 € anuales. Sólo los costos de recogida (que suponen un 70 % del total) son ya superiores al beneficio. Y a ellos hay que añadir los costos de mantenimiento (el 30 % restante), que incluyen desbrozado, labrado, poda y quema.

Por otra parte, las variedades que se cultivan en nuestra sierra son muy antiguas y sus cualidades no se ajustan a lo que actualmente el mercado demanda. Esto hace que nuestro producto se venda mal y a bajo precio. Finalmente, a todo esto se suma la progresiva caída en la producción que se viene constatando desde hace tiempo. Hace unos 30 años, este castañar producía unas 3-4 mil toneladas de castañas por temporada. En los últimos años la producción media ha caído a alrededor de 700 toneladas. Una serie de estudios y ensayos de campo coordinados desde esta Oficina han puesto de manifiesto que la caída en la producción se debe principalmente a la falta de polen en los campos. Antiguamente todos estos castañares contaban con un porcentaje de pies, catalogados como “bravos”, que, aunque daban menos castañas, actuaban como polinizadores, produciendo el polen necesario para fecundar los pies productivos. Probablemente el desconocimiento de esta función biológica esencial ha hecho que las últimas generaciones de propietarios decidieran cortar estos pies en teoría poco productivos y así, en la actualidad el porcentaje de polinizadores en el castañar es, en general, muy bajo. A todo esto hay que añadir la Varroa, una enfermedad de las abejas que durante este periodo de tiempo ha hecho desaparecer muchos de los enjambres que tradicionalmente se mantenían en los troncos huecos de los castaños y que distribuían de forma efectiva el poco polen que había por toda la extensión del castañar.

¿Hay soluciones?
(Diego Diajara ): En mi opinión, el castañar de la Sierra de Aracena es actualmente inviable y, si no se adoptan medidas urgentes, se llegará a una situación que va a comprometer seriamente su futuro. Yo, sin embargo, quiero ser optimista, y pienso que todavía se pueden hacer cosas. Una vez definidos los principales problemas que afectan al castañar, desde la Oficina Técnica de Regadíos de la Diputación de Huelva proponemos varias soluciones muy concretas que, en nuestra opinión, podrían a corto o medio plazo, resultar efectivas:

1. Modernizar la recogida de la castaña utilizando los procedimientos que se utilizan en otros países en el castañar tradicional y en pendientes más acusadas. Se podría, por ejemplo, recolectar las castañas habiendo puesto previamente unas mantas especiales que hay para ello. Con esto conseguiríamos abaratar costos.
2. Introducir variedades polinizadoras hasta cubrir al menos el 5 % de la superficie. Con esto se podría aumentar la producción hasta 4-5 mil toneladas/año.
3. Injertar nuevas variedades en las partes altas de los castaños, manteniendo los viejos pies y la estructura tradicional del castañar. Con esto se mejoraría la calidad de la castaña y aumentaría su valor en el mercado, sin cambiar la fisonomía de este bosque.

Soluciones como estas son relativamente sencillas y asumibles, y estamos convencidos de que podrían sacar al castañar de la decadencia en la que ahora se encuentra. Sólo falta que tanto la Administración como los propietarios de los castañares se decidan a actuar de forma coordinada y efectiva. Y es importante que se empiece a trabajar cuanto antes. No ya sólo porque la castaña puede volver a convertirse en una fuente de ingresos para estos pueblos, y porque estos bosques constituyen hoy día un importante reclamo turístico y un ecosistema único. Es mucho más. No hay que olvidar que el castañar ha hecho que esta Sierra sea como es, y que nunca más volvería a ser la misma si desapareciese... Basta pensar un poco para darnos cuenta de que aquí todo se lo debemos a los castaños...

Fotos: Diego Diajara, Oficina Técnica de Regadíos de la Diputación de Huelva

Como complemento a esta entrevista incluimos aquí un interesante documento que recopila información adicional sobre el castañar. Se trata del texto de una comunicación presentada al XI Coloquio Ibérico de Geografía celebrado en Octubre de 2008 en Alcalá de Henares por Marta Rubio Tenor, del Departamento de Geografía, Historia y Filosofía de la Universidad Pablo de Olavide. En esta comunicación, Marta Rubio hace un repaso a las características principales del castañar en la Sierra de Aracena, sus problemas, la normativa que lo protege, su historia y sus múltiples aspectos sociales y culturales.

El castañar, que hace siglos acabó desplazando a los bosques autóctonos de robles es, hoy en día, mucho más que un simple cultivo. Es también un bosque naturalizado muy antiguo que está declarado como hábitat de interés comunitario por la Directiva 92/43/CEE, del Consejo, de 21 de mayo, relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres, y que está protegido por la normativa del Parque Natural. Es una parte importante de la historia, del paisaje y del patrimonio antropológico y cultural de la Sierra. Y es una fuente de riqueza natural y turística para toda esta comarca. En el castañar confluyen muchos intereses (propietarios, administraciones, sociedad en general) y, a veces, algunos de ellos, enfrentados. Pero para que siga existiendo es necesario que el cultivo vuelva a ser viable y que las partes se pongan de acuerdo para encontrar soluciones.


Pulsando aquí puedes acceder al texto de Marta Rubio.